Carpeta I · El relato

La historia

Nueve capítulos: del mundo suabo del Danubio a la guerra, el casamiento de 1917, los barcos de 1930 y 1934 y la vida argentina. Cada afirmación lleva su nivel de certeza.

Capítulo 1

El mundo del que vienen

Toda esta historia empieza con una pregunta que en algún momento se hace cualquier descendiente de esta familia: si Anton y Katharina nacieron en lo que hoy es Serbia, ¿por qué se llamaban Schmidt y Knorr, por qué hablaban alemán en casa, por qué en Buenos Aires siguieron diciéndose Tante y Onkel, y por qué están enterrados en el Cementerio Alemán?

La respuesta corta es que no eran alemanes que se habían mudado a Serbia. Eran la sexta o séptima generación de una comunidad germanoparlante que llevaba unos ciento cincuenta años viviendo en la llanura del Danubio, dentro del Reino de Hungría, bajo la corona de los Habsburgo: los Donauschwaben, los suabos del Danubio. Familias campesinas de Baden, Suabia, el Palatinado, Baviera y Bohemia bajaron por el río en el siglo XVIII en embarcaciones planas —las Ulmer Schachteln— hacia una llanura despoblada por las guerras contra los otomanos.

Con las generaciones dejaron de ser bávaros o palatinos y se volvieron otra cosa: germanoparlantes nacidos en Hungría, católicos, con dialecto propio, parroquia propia y una red densísima de parentescos que se renovaba matrimonio tras matrimonio dentro del mismo pueblo. Su Heimat —palabra que significa a la vez tierra natal, pueblo y pertenencia— era la llanura del Danubio. Alemania, para ellos, era una idea lejana y una lengua, no un lugar del que se hubieran ido.

La historia del pueblo, la tierra y la comunidad tiene su propia carpeta: Parabutsch, la Heimat.

Mapa de la Bačka y Syrmia con Parabutsch, Temerin e Inđija
mapa · El territorio de la familia: Parabutsch y Temerin en la Bačka, Inđija en Syrmia. Ver en la galería →

Capítulo 2

Las dos fichas

Esta investigación creció en dos saltos. El primero fueron dos fotografías de fichas del Familienbuch de la parroquia de San Juan Nepomuceno de Parabutsch: la S273 y la K587. Dos rectángulos de taquigrafía parroquial que confirmaron una hipótesis central, corrigieron un error de origen y revelaron dos hijos que la familia había olvidado.

La S273 registra el casamiento: Anton Schmidt, de 22 años, nacido en 1895, aus Temerin, hijo de Josef Schmidt y Rosina Schwarz, se casó el 20 de noviembre de 1917 en Parabutsch con Katharina Knorr, nacida el 9 de abril de 1897, hija de Johann Knorr y Susanna Wenzler. Testigos: Blasius Schmidt y Wendelin Guld. Y una lista de hijos que no eran tres, como decía la memoria: eran cinco.

La K587 registra a los padres de Katharina: casados en 1878, seis hijos entre 1878 y 1897. Katharina fue la menor, nacida nueve años después de la anterior, cuando su hermano mayor ya tenía dieciocho. Las dos fichas se sostienen mutuamente: la K587 anota al pie que Katharina se casó con Anton Schmidt.

Documentado

Las dos fichas están fotografiadas, transcriptas y traducidas íntegramente en Documentos.

El segundo salto fue el libro entero. En agosto de 2026 apareció el Familienbuch completo de Parabutsch: 1.289 páginas compiladas por Josef Fridrich (Bad Schönborn, 2001), unas treinta mil personas, la parroquia entera reordenada por familias desde la fundación del pueblo hasta su desaparición en 1944. Con ese libro dejó de hacer falta suponer: la ascendencia de Katharina pudo seguirse hacia atrás siete generaciones, hasta los colonos de 1769.

Capítulo 3

La sangre: siete generaciones

El árbol completo está en su propia carpeta; acá va lo esencial. Casi todos los orígenes identificables de la familia están en Baden, en el suroeste alemán, en un radio de cien kilómetros: Rottweil, Kehl, el valle del Schutter. La línea mejor documentada es la de los Wenzler: en marzo de 1769, Josef Wenzler, su mujer Elisabeth Mauch y un chico pasaron por Viena camino al Danubio, viniendo de Friedlingen, cerca de Rottweil. Tres personas anotadas en un registro imperial de tránsito. Los Eichinger habían llegado seis años antes, en 1763, desde Bohemia.

Ninguna de estas familias llegó directamente a Parabutsch, porque Parabutsch no existía todavía: llegaron a Filipowa, Hodschag y Gajdobra, los pueblos de la colonización teresiana, y recién después de 1786 se mudaron al pueblo nuevo. Los antepasados de Katharina no fueron colonos fundadores de Parabutsch: fueron colonos fundadores de la Bačka.

Del lado de Anton, la ficha S253 resolvió un conflicto de años: el registro migratorio argentino lo daba nacido en INDIJA; la ficha del casamiento decía aus Temerin. Los dos decían la verdad. Su madre, Rosina Schwarz, era de Inđija, en Syrmia: Anton nació allí hacia 1895. Su padre, Josef Schmidt, murió en Parabutsch en 1903, a los 33 años, cuando Anton tenía ocho. El huérfano se crió en Temerin y volvió a Parabutsch —el pueblo donde estaba enterrado su padre— a casarse en 1917.

Las cuatro líneas principales desde los colonos fundadores hasta el casamiento de 1917
árbol · Las cuatro líneas —Schmidt, Knorr, Wenzler, Herrmann— desde los colonos del siglo XVIII hasta 1917. Ver el árbol completo →

Capítulo 4

Anton: la guerra

En el verano de 1914, cuando Austria-Hungría entró en guerra, Anton tenía dieciocho años. Pertenecía exactamente a la generación que el Imperio movilizó primero y mantuvo movilizada hasta el final. No sabemos todavía en qué regimiento sirvió —es la pieza que más cambiaría este capítulo—, pero sabemos lo que quedó en metal y en fotografía.

El retrato de uniforme, tomado hacia 1917–1918, muestra en el cuello tres estrellas sin galón: la insignia exacta del grado de Zugsführer, jefe de pelotón, un suboficial de combate. Y en el pecho, cuatro condecoraciones: las Medallas al Valor de Plata de 1.ª Clase, Plata de 2.ª Clase y Bronce, más la Karl-Truppenkreuz. Las cinco piezas —las tres medallas y dos cruces— se conservan hasta hoy en poder de Jorge Caso Schmidt, montadas con cintas triangulares de época que él mismo trajo de Europa.

La memoria familiar, transmitida por Jorge, agrega dos datos. El primero: Anton estuvo en el frente italiano —sin confirmación documental todavía, pero enteramente verosímil para una unidad del sur de Hungría—. El segundo no es un recuerdo sino un hecho físico: volvió con una esquirla de granada alojada en la cabeza, que llevó el resto de su vida. Al pasarle la mano por la cabeza, se la podía sentir bajo el cuero cabelludo.

Anton Schmidt en uniforme de campaña austrohúngaro, 1917–1918
1917–18 · El retrato de uniforme: Zugsführer, cuatro condecoraciones.
Anverso y reverso de la Karl-Truppenkreuz de Anton Schmidt
1916–18 · La Karl-Truppenkreuz: VITAM ET SANGVINEM, «la vida y la sangre».

«El opa recibió la Medalla al Valor de primera clase de Plata, de segunda clase de Plata, y de segunda clase de Bronce. Complemento Salarial y Pensión que a lo largo de los años le han correspondido.»
— testimonio transmitido por Jorge Caso Schmidt, nieto de Anton

Las cinco condecoraciones de Anton Schmidt montadas con cintas de época
2026 · Las cinco piezas, hoy: Plata 1.ª (efigie de Carlos I), Plata 2.ª y Bronce (Francisco José), y dos Karl-Truppenkreuz. «Mi Abuelo, Combatiente, descansa en paz.» — Jorge Caso Schmidt

Ese testimonio resultó verificable de manera casi asombrosa: las Medallas al Valor de plata llevaban aparejado un pago mensual adicional —la Tapferkeitsmedaillen-Zulage— que en determinadas condiciones se conservaba como pensión. El «complemento salarial» que la familia recuerda es el nombre exacto de un mecanismo administrativo austrohúngaro que quien lo transmitió no tenía manera de haber inventado. Y la fotografía muestra exactamente el conjunto descripto: tres medallas redondas de dos tonos, más una cruz. Las efigies fechan las piezas: que la Plata de 1.ª Clase —la más alta— lleve el retrato de Carlos I significa que Anton la recibió al final de la guerra, en 1917 o 1918, después de las dos distinciones bajo Francisco José.

Memoria familiar

Las condecoraciones son memoria familiar de altísima verosimilitud, confirmada visualmente por la fotografía; el expediente militar del Kriegsarchiv de Viena daría la confirmación definitiva. Ver preguntas abiertas →

Capítulo 5

Parabutsch, 1917–1930

El 20 de noviembre de 1917, en plena guerra, Anton —militar en actividad, casi seguro de licencia— se casó con Katharina en la iglesia de San Juan Nepomuceno. Que el primer hijo naciera recién diecisiete meses después encaja con esa lectura: Anton probablemente volvió al frente y se instaló en Parabutsch al terminar el conflicto.

Entre 1919 y 1927 tuvieron cinco hijos. Enterraron a dos: Andreas, muerto a los cinco meses en 1919, el año terrible de la posguerra; y la primera Katharina, muerta a los siete meses en 1925. A la hija siguiente le pusieron el mismo nombre —costumbre extendidísima en las comunidades católicas centroeuropeas: reponer el nombre era a la vez duelo y continuidad. Sobrevivieron Magdalena (Tante Leni), Johann (Hans, después Juan) y Katharina (Tante Katy). Sus fichas están en Personas.

De esos doce años de vida en el pueblo sobrevive un dato que vale por varios: Anton fue bombero voluntario. En los pueblos suabos, la Freiwillige Feuerwehr era una de las instituciones centrales de la comunidad, junto con la parroquia y la escuela. Entrar no era un trámite: era ser aceptado. El forastero de Temerin se volvió del pueblo. En 2026 el dato dejó de ser solo memoria: Jorge Caso Schmidt conserva una medalla de diez años de servicio —la X romana rodeada por BAČKI VATROGASNI SAVEZ, «Federación de Bomberos de la Bačka», en serbocroata: época yugoslava— y una fotografía del cuerpo en formación. Anton está entre esos hombres; cuál de ellos es, la familia ya no lo sabe.

El cuerpo de bomberos de Parabutsch en formación
c. 1920–30 · El cuerpo de bomberos, con cascos de desfile. Anton está entre estos hombres, sin identificar.
Anton, Katharina y sus tres hijos en la calle de Parabutsch, hacia 1929–1930
c. 1929–30 · La última foto en Europa. Katharina viste el traje de la campesina suaba; Anton, traje urbano de artesano; los chicos, la ropa del mundo al que iban a ir.

Capítulo 6

El barco

No sabemos por qué se fueron, y sería deshonesto inventarlo. Sabemos el contexto: un Estado nuevo —Yugoslavia— donde la comunidad alemana había descendido de posición; aldeas con la tierra fragmentada; y un hombre que no dependía de la tierra, porque era Maurergeselle: oficial albañil, artesano calificado con título gremial. Un campesino que emigra pierde su tierra. Un albañil que emigra se lleva la profesión puesta. Y en 1930 tenían tres hijos vivos y dos tumbas.

La travesía está documentada en los dos extremos. Las listas de pasajeros de Bremen registran el 11 de agosto de 1930 la partida del vapor Sierra Ventana, y entre sus pasajeros: Schmidt, Anton, 35 años, casado, residencia Parabuty, nacionalidad Yugoslavia, profesión Maurergeselle, destino Buenos Aires, tercera clase. El registro argentino de Migraciones asienta el desembarco el 3 de septiembre de 1930. Veintitrés días de mar. Desembarcó dos días antes de cumplir treinta y cinco años. Viajó solo: el plan era el clásico de la migración en cadena — él primero, la familia después.

Katharina y los chicos llegaron tres años y medio después, y el viaje está documentado paso a paso en un cuaderno de tapas grises que conserva el archivo: la putna isprava, el pasaporte yugoslavo de Katharina. En septiembre de 1933 Anton obtuvo en Buenos Aires el permiso de desembarco para los cuatro —«llamada por el esposo y padre», dice el visado consular—; el 2 de enero de 1934 el distrito de Odžaci emitió el pasaporte N.º 3237; el 15 de enero la familia cruzó en tren la frontera italiana; y el 18 de enero de 1934 embarcó en Génova en el Conte Biancamano. Katharina tenía 36 años; Magdalena, 13; Johann, 10 —cumplió los 11 el 9 de febrero, recién desembarcado—; Katy, 6. El pasaporte completo está en Documentos.

Capítulo 7

Buenos Aires: la familia se dispersa

La imagen que uno se hace por defecto —el albañil calificado que llega a una ciudad en obra y consigue trabajo enseguida— es exactamente lo que no pasó. Al poco de llegar la familia, Anton cayó enfermo y estuvo dos años internado en el Hospital Alemán. La familia, recién desembarcada, sin idioma y sin red propia, perdió a su sostén económico casi de entrada. La comunidad alemana de Buenos Aires no fue para ellos un adorno identitario: fue, literalmente, lo que los sostuvo.

«La Tante Leni inmediatamente se fue a trabajar a una casa de familia en Ramos Mejía con cama adentro. El Opa Schmidt cayó enfermo y quedó internado en el Hospital Alemán por dos años, por lo tanto quedó la Oma con Katy y el Opi en una casa de familia muy adinerada en Belgrano, donde la Oma trabajó de cocinera y vivieron de prestado, hasta que ya se hizo muy incómoda la situación.»
— correo familiar, recogiendo el relato de María Gottler

La familia se rompió en pedazos casi al bajar del barco: el padre en el hospital, la madre de cocinera en Belgrano con los dos menores «de prestado», la hija mayor con cama adentro a veinte kilómetros. A Johann lo colocaron un tiempo en una casa del Tigre, y volvió por la razón más pequeña y más reveladora de toda esta historia: no podía comer lo que ahí se cocinaba. Frito no, verdura no, salsas no; pan y papas. Para un chico que había perdido su casa, su pueblo, su lengua y —temporalmente— a su padre, la comida era lo último que le quedaba de un mundo que ya no existía. No la comió. Volvió a casa. Y ahí, dice el relato, «conoció a la Omi y ya se le mezclaron las cosas».

Anton simpatizaba con el nacionalsocialismo: su hija Magdalena recordaba que «se reunía con nacionalsocialistas, en reuniones secretas, en Buenos Aires». Lo mismo su yerno Hermann Kohr. El contexto —la captura nazi de las instituciones de la colectividad en los años treinta, la prohibición de 1939 que volvió secretas esas reuniones— está desarrollado en la ficha de Anton.

Los cinco Schmidt en un estudio de Buenos Aires, hacia 1941–1943
c. 1941–43 · El mismo grupo, doce años después, en un estudio porteño. El pañuelo de campesina ya no está. Pero están los cinco: esa es la mejor noticia que da este archivo.

Capítulo 8

Lo que pasó del otro lado

Anton se fue en 1930. Catorce años después, el pueblo dejó de existir como comunidad. El 8 y el 9 de octubre de 1944 —dos días— unos 2.450 alemanes de Parabutsch huyeron hacia el oeste ante el avance soviético y partisano. De los que se quedaron, en su mayoría ancianos, mujeres y chicos, la memoria comunitaria calcula que de unos 650, alrededor de 480 murieron en campos. En 1948 el pueblo fue rebautizado Ratkovo.

El Familienbuch le puso nombres a eso. Tres hombres de esta familia figuran como vermisst —desaparecidos— en 1944: Jakob Knorr, sobrino de Katharina, de dieciocho años; y Jakob Peter y Josef Purho, maridos de dos sobrinas, que dejaban chicos de tres, ocho y trece años. Susanna Wenzler, la madre de Katharina, había muerto en julio de 1939, semanas antes de la guerra: murió sin ver nada de lo que vino.

En 1930 Anton se subió a un barco en Bremen; en 1934 lo siguieron Katharina y los chicos. En 1944 su sobrino político de dieciocho años y los maridos de sus dos sobrinas desaparecían en un frente cuyo nombre nadie anotó, mientras el resto de la familia caminaba hacia campos de los que muchos no salieron. Esa es la diferencia que hizo el viaje. La memoria familiar agrega, por vía de la Tante Katy, que primas de Katharina fueron secuestradas y llevadas a campos de trabajo rusos, donde murieron —encaja con las deportaciones soviéticas de diciembre de 1944–enero de 1945, y el Familienbuch registra víctimas del pueblo «en campos de trabajo en Rusia»—. El capítulo completo está en Parabutsch, octubre de 1944.

Capítulo 9

Los que llegaron al año 2000

El Familienbuch cierra con una lista de direcciones al 31 de diciembre de 2000. Cruzándola con el árbol aparecen seis parientes de sangre en Alemania —cinco concentrados en Bruchsal y Bad Schönborn, en el norte de Baden, donde se reasentó la gente de Parabutsch— y cinco familias del pueblo en el Gran Buenos Aires: Hornung en Quilmes, Peter en Tigre, Marx en Villa Ballester, Kopp en Munro, Wagner en Adrogué.

Una de esas familias es pariente comprobada: Adam Hornung, de Quilmes, era hijo de Anna Wenzler, prima hermana de Katharina —las dos nacidas en 1897, con tres meses de diferencia, en el mismo pueblo. Una se quedó; la otra se fue. Y el hijo de la que se quedó terminó también en Buenos Aires, a veinticinco kilómetros de la familia de su prima segunda. Los detalles, las direcciones y cómo retomar el contacto están en Investigación.

La secuencia completa: Europa central → Reino de Hungría → Parabutsch y Temerin → Imperio austrohúngaro → Reino de Yugoslavia → Bremen → Buenos Aires → familia argentina. Cambian los Estados, las fronteras, las lenguas, las monedas, los ejércitos, los himnos. Lo único que atraviesa entera la secuencia son los apellidos. Schmidt. Knorr. Wenzler.

Anton y Katharina no eran refugiados. No huían del nazismo ni de Tito. Se fueron en dos tiempos —Anton en 1930, Katharina y los chicos en 1934—, por su cuenta, en tercera clase, con un oficio y tres hijos chicos, mientras Parabutsch todavía era un pueblo alemán vivo y próspero. Y sin embargo esa decisión ordinaria los sacó del camino: la rama que cruzó el océano sobrevivió entera; la que se quedó perdió tres hombres en el frente y terminó, los que llegaron, en un puñado de pueblos del norte de Baden. No la historia de una huida, sino la de una salida a tiempo que nadie planeó como tal.

Seguir leyendo: las fichas individuales están en Personas; los papeles, transcriptos, en Documentos; la línea de tiempo completa, en Cronología.